jueves, 21 de enero de 2016

Hace mucho que no escribo por aquí, pero mi vida ha dado un giro de 180 grados en apenas cuatro meses.

Desde la última vez que publiqué aquí, ha pasado de todo. He tenido curro, surgieron cosas para luego quitármelas, nuevas experiencias, una falta de tiempo acojonante, decisiones premeditadas que se hacen realidad, problemas, indecisiones...

En fin, un caos.

Desde que volví a empezar las practicas por allá a comienzos de octubre, digamos que no he parado de hacer cosas. Bueno, paraba para dormir y dar gracias, que si no, ahora estaría de cuerpo presente en algún lugar bajo tierra...o algo así ;)


Mi vida estos últimos meses se ha resumido en este planning tan bonito y maravilloso: levantarme a las 6 de la mañana, desayunar y arreglarme, salir de casa a las 7, coger el metro a las 7:13 (que era cuando pasaba), tragarme toda la línea 9 hasta Rivas-Vaciamadrid, currar en el obrador, salir a las 4 de la tarde de alli, coger el metro para el camino de vuelta, llegar a mi casa a las 5:15-5:30, descansar una hora, irme al gym de 6:30 a 8:30, llegar a casa, ducharme, cenar y a dormir a eso de las 11:30-12. Y vuelta a empezar.

Si a eso le sumamos que algunos días, al salir del gimnasio me iba de parranda y llegaba a casa a las mil, o simplemente, me saltaba el gimnasio y estaba toda la tarde fuera, pues el tiempo, es nulo.

Os lo juro, he hecho varias recetas para el blog, e incluso una colaboración con una tienda de productos, pero no he sacado tiempo de ningún lado.

Sé que esto aún está vivo, lo veo en cada me gusta, en cada comentario, y me gustaría tomarme mas tiempo para poder escribir tantas y tantas cosas que pasan a lo largo del tiempo. Uso el blog como terapia anti-estrés, como vía de escape para soltar cualquier tipo de problema, situación o lo que sea, se ha convertido en una parte fundamental de mi vida, y sin él, ahora no estaría donde estoy, ni con los estudios que tengo, ni la gente que he conocido, ni las experiencias vividas, ni nada de nada. Sin el blog, ahora no sería quien soy.


Y dejando los sentimentalismos un poco de lado, que de momento no me quiero poner moñas hasta el día 14 de febrero, sigamos con mi "nube". Sí, esa en la que hace nada y menos estaba con una felicidad total y absoluta, y que de un golpe se convirtió en una pesadilla viviente de felicidad.

Me explico.

Digamos que este es uno de los pocos momentos en los que me he sentado seriamente delante de la pantalla a escribir. Tres meses, tres meses de caos. Cuando me dijeron en octubre que me iba de prácticas a un obrador de pastelería, no me lo creía. Andaba flotando por mi casa, lleno de felicidad. Me daba igual que me tuviese que ir a donde cristo perdió la chancla, iba a estar en un obrador de pastelería y con eso yo ya era feliz.

Tenía una jornada decente, simplemente 8 horas con excepción de algunos días que había que quedarse un poco más, pero de tener la energía de todas las pilas Duracell del mundo al salir de casa, a tener las mismas que un oso panda con complejo de perezoso al llegar a casa, resultaba matador. Aún así, me las apañaba para ir al gimnasio, no preguntéis como, pero iba (no penséis que estoy hiper cachas, sigo protegiendo mi tableta de chocolate manteniéndola derretida). De que quería darme cuenta, ya eran las 9 de la noche, cenar y hale, a dormir. Y el blog, pueeeeees, ahí estaba ^^"

Eso es un día "normal".



El día "anormal" era en el que, o bien iba a gimnasio y después salía de casa para hacer de psicólogo express, o bien no iba al gimnasio y directamente salía para toda la tarde, recorriéndome medio Madrid, o iba al gimnasio, cenaba y salía de fiesta. ¿Mi cuerpo? Eso de sentir dolor, creo que llegó un momento en el que olvidó que es eso, así que estoy inmunizado a permanecer mas de 18 horas de pie.

En fin, las prácticas terminaron en diciembre, curso aprobado, título aprobado, y un mini curro de una semana en el obrador puesto que los jefes se iban de vacas y, como tenían que seguir haciendo pedidos, pues nada, allí que me quedé. Al menos libré los días clave y pude escaparme al pueblo.

Después de eso vino la etapa rosconera. Yo pensando que tendría tiempo para desconectar un poco, irme al pueblo unos días con los amigos y demás, pues no. Roscones a tutiplén. En dos días, 24 roscones pa mi, pa mi cuelpo y pa tó.

Dejando aparte el tema del currele, también han pasado cosas en el tema de los sentimientos, pero bueno, eso mejor me lo dejo para el día de los enamorados, y me desfogo bien a gusto. Mejor me controlo un poquito en contar cosas, y así tengo para relatar en otras recetas, que si os lo cuento todo de golpe, a parte de meteros la parrafada del año y de aburriros a más no poder, me quedo sin ideas ;)


Una de las cosas que tenía pendientes por publicar era este Pie. Hice allá en los tiempos de maricastaña, un sondeo para ver qué receta preferíais que subiese, y entre las posibilidades, resultó ganar esta.

Es una receta de aprovechamiento para croisants, aunque se puede hacer con pan de molde o con cualquier tipo de bollería que se quede un poco seca. De relleno lleva una crema suave de naranja, en la que no hace falta ni siquiera encender los fogones, se hace en el micro en un santiamén. Y como colofón, un merengue italiano. ¿Pinta bien, no? ¡Pues al lío!

Pie de Croissants, Naranja y Merengue (molde de 25 cm)
Para la base:
  • Croissants, pan de molde, bollería, la suficiente como para cubrir la base del molde
  • 200 ml de leche para remojar la base
  • 30 gr de azúcar
  • 1 huevo
Para la crema de naranja:
  • 4 huevos
  • 400 ml de nata 35% MG
  • 250 gr de azúcar
  • 1 cucharada de maizena
  • 200 ml de zumo de naranja (2 naranjas grandes exprimidas)
  • Ralladura de una naranja
Para el merengue italiano:
  • 2 claras de huevo (90 gr)
  • 100 gr de azúcar
  • 50 ml de agua
  • unas gotas de zumo de limón

Para la crema de naranja, en un bol apto para microondas, batimos los huevos con el azúcar y la maizena. Añadimos el zumo de naranja y la ralladura, mezclamos bien y por último añadimos la nata. Metemos al microondas a máxima potencia 3 minutos. Batimos un poco, y metemos otros 3 minutos. Volvemos a batir y finalmente otros 2 minutos. Y ya tenemos lista la crema. ¿Fácil, no? 

Precalentamos el horno a 170ºC.

Para la base (en mi caso usé mini croissants caseros), los cortamos en tres y los vamos disponiendo por la base y los laterales del molde. Batimos la leche con el huevo, y añadimos el azúcar. Regamos toda la superficie, empapando bien todo. Tenemos que crear una base sólida, sin ningún hueco visible, y con una altura suficiente para que no se salga el relleno. Con el horno caliente, metemos la base unos 10 minutos. Esto hará que el huevo cuaje, como un puding, y la base no se nos desmorone al cortar luego la tarta. 

Sacamos del horno, rellenamos con la crema de naranja, y metemos otros 10 minutos. Sacamos del horno y dejamos enfriar completamente.

Para el merengue, calentamos el agua con el azúcar y el zumo de limón hasta que alcance los 116ºC. Mientras, batimos la claras hasta que estén a punto de nieve. Una vez alcanzada la temperatura del sirope, lo vamos echando a chorro fino mientras batimos. Seguimos batiendo hasta que el merengue esté a temperatura corporal. Et voila!

Ahora solo nos queda, con la tarta fría, poner el merengue encima como más os guste, con boquilla, a pegotones, rústicamente, como más rabia os dé. Y para darle el toque final, con un soplete lo tostamos un poquito. Como colofón, yo tenía por ahí un bote con caramelo salado, y le puse un poco por encima. ¿A que dan ganas de hincarle el diente?


Es una tarta que no resulta nada, pero nada empalagosa. Tiene un sabor que me recuerda a cuando era canijo, pero aún no sabría deciros a qué me recuerda jaja EL caso es que estaba buenísima, y en casa voló nada más hacerla.



Pues nada, espero que os haya gustado la receta, y que me perdonéis el super parón blogueril. Pero vuelvo a la carga! :D

Un abrazo enorme para todos, por seguir ahí, por todo.

Se os quiere.

Muaks!

Jesús
 
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